ELPEQUEÑOHERMANO: “La dicha de llorar como Ángel Santiesteban”, por Ernesto Morales Licea.
¿Cómo puede convertirse un admirado escritor en un presunto y perseguido antisocial? ¿Cómo puede pasar un soñador de ficciones, premiado, leído, respetado, citado, a formar parte de las lacras sociales a las que, según la autoridad todopoderosa, es necesario extirpar sin piedad?
La respuesta es muy simple: viviendo en Cuba. Y marcando distancia del poder.
Cuando conocí a Ángel Santiesteban, unos siete años atrás, aún no había leído una sola de sus historias. Lo lamentaría después, al asomarme al volumen de cuentos más sobrecogedor de la literatura cubana reciente: Los hijos que nadie quiso, esa suerte de basurero pestilente del que un narrador fenomenal saca cuentos de presidiarios, matarifes de reses, jineteras, balseros y veteranos de guerras enloquecidas.
Incluso antes de que una amistad de hierro nos enlazara a ambos, una realidad en torno a su obra me parecía indudable: con apenas dos libros de cuentos conocidos por el público cubano –publicados contra la voluntad de la industria editorial: Los hijos que nadie quiso por merecer el Premio “Alejo Carpentier”; Dichosos los que lloran por llevarse el “Casa de las Américas” a casa- Ángel Santiesteban se convirtió en un autor ferozmente perseguido por los lectores de la Isla.