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ELPEQUEÑOHERMANO: “Mariela y la Zona Roja: Romance de la Niña Mala”, por Ernesto Morales

Me pregunto si la televisión cubana habrá reproducido al menos un bocadillo de la deliciosa entrevista que ofreciera Mariela Castro Espín a las cámaras de Radio Netherlands Worldwide, durante su reciente visita a la Zona Roja de Ámsterdam.
El material no tiene desperdicio. Se trata de una auténtica joyita, un supremo exponente del cinismo del que esta dama, garante de ciertas sexualidades de su país, es capaz.
Mariela visitó la famosísima Zona Roja de la capital holandesa, de seguro el área de tolerancia sexual más conocida del mundo, donde comprar un pitillo de marihuana es tan legal como pagar una de las apetecibles chicas que se prostituyen desde coloridas vidrieras. Su cara, durante el reportaje que la exhibía mirando aquellas vidrieras eróticas, era un poema de amor: Mariela había sido flechada por el feeling de la Zona Roja.
Según el reportaje, la hija de Raúl Castro asistió a una conferencia internacional en el país de las libertades extremas, y fue a “ganar experiencias” en el tema que a ella, presidenta del Centro Nacional de Educación Sexual, le ocupa. Como ha demostrado en no pocas ocasiones: el único tema de su país que le importa.
Yo, al igual que Mariela, respeto y admiro (sus dos términos durante la entrevista) la forma en que Holanda administra el ejercicio de la profesión más antigua del mundo, proponiendo soluciones en lugar de trabazones, y permitiendo que la misma prostitución que se ejercería sin garantías legales, higiene, y respeto social, se realice con la más natural transparencia y protección del Estado. Sobre todo porque en Holanda no solo las prostitutas, los amantes de la marihuana o la homosexualidad, tienen sus derechos grabados en bronce.

… su tío no se escondió para decir que sí, efectivamente Cuba tenía prostitutas, pero que sin dudas eran las prostitutas más ilustradas del mundo.

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