GENERACIÓNY: “Cansancio”, por Yoani Sánchez
Era muy temprano, las ojeras del locutor se veían como dos heridas oscuras y el sol todavía no castigaba demasiado en la plaza Máximo Gómez. Sobre asientos mullidos, un pequeño grupo presenció en vivo el acto por el 26 de julio en la provincia de Ciego de Ávila. Mientras, el resto de la plaza se sentaba en sillas plásticas o se quedaba simplemente de pie. Del lado de acá de la pantalla, los pocos televidentes despiertos a esa hora hacíamos un esfuerzo para no volver a dormirnos. El evento era tan aburrido y tan predecible en su estructura que por momentos parecía la retrasmisión de algún año anterior. Ni siquiera una brisa espontánea le movía el cabello a los asistentes. Hasta la mosca que se encaprichó en salir en cámara, sobre el rostro del orador principal, se veía irreal.
Pero la mayor monotonía vino con las palabras de José Ramón Machado Ventura. Una hora después de haberlas escuchado, era difícil recordar qué había dicho el más gris de todos los vicepresidentes, el más dogmático de los ortodoxos.