GENERACIÓNY: “Censo, censados, censores…”, por Yoani Sánchez.
No fui un número en el último censo hecho en Cuba. No aparecí en la cifra de 11.177.143 personas que –por decisión o por resignación– habitaban en ese momento el territorio nacional. Asfixiada por la falta expectativas, me había marchado de mi país unos meses antes de que comenzara el gran conteo nacional. Pero recuerdo que mis parientes y amigos me escribían asustados sobre aquellos trabajadores sociales que tocaban a las puertas y hacían un montón de preguntas. En un país donde la gran mayoría tiene algo que esconder, toda indagación que venga por parte del Estado resulta sospechosa. Por ejemplo, en aquella ocasión inquirían sobre si la familia tenía alguna computadora, seis años antes de que Raúl Castro autorizara a comprarlas legalmente en una tienda. La gente mentía y mentía, en aras de esconderle a los censistas –-¿o censores?– de dónde provenía su entrada económica, el número de electrodomésticos que poseía o cuántos residían realmente en la vivienda.
Recién por estos días se ha anunciado un nuevo censo poblacional y la televisión no escatima spots publicitarios, programas o reportajes para despejar las suspicacias que éste genera. Se anuncia que no se les pedirá a los encuestados un documento de identidad y que la información sólo tendrá un “uso estadístico”… no policial. Pero derribar el muro de la desconfianza no es tan fácil, especialmente en una sociedad donde la intimidad del hogar ha sido demasiado vulnerada por las instituciones oficiales.