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HABÁNAME: “Cayo Carenas, mi obsesión”, por Wendy Guerra.

Si una isla no se  pudo construir a imagen y semejanza de su utopía, cívicamente perfecta, sublime, o parecida a lo fantaseado, entonces el hombre de esa isla tiende a moverse, y se muda a una más pequeña (la isla interior), y sin renunciar a su playa, se asienta en la otra punta para hacer un segundo bosquejo de su proyecto ideal.
Andy Simons no es solo el protagonista “loco” de 'La última playa' (novela de Atilio Caballero), no, él existía, fue un americano real y no inventado, se quedó rezagado en esa isla, y lo conocimos una madrugada en el portal de una casa de madera abandonada. Yo tenía 10 años, mi madre y sus amigos se escapaban allí para encontrar ideas, silencio, paz. Los poetas cienfuegueros, los pintores que venían de La Habana, o los arqueólogos que ella conducía hasta el hermoso paraíso, lo adorábamos. Nos ensañaba a descubrir submarinos rusos en los reflejos del agua, pero el delirio más conocido de Simons era construir un puente entre Cayo Carenas y Cienfuegos. Ese proyecto, irrealizable para él  fue luego realizable para Fidel, quien desarrolló todos los planes de pedraplenes que hoy  nos conducen a varios cayos turísticos de Cuba, la isla grande.

Voy a nadar en la bahía de la que me sacaron en la infancia, y como Ana Mendieta, intentaré alojarme en la tierra; pertenecer al único lugar donde siento que soy libre…

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