HABANERASOY: “Hasta luego, primo Alberto”, por Uva de Aragón
La primera vez que visité Madrid en 1950 con mis padres y hermana Lucía, fuimos a casa de Alberto Insúa, hermano de mi abuela materna. No creo que a mis seis años supiera entonces que era un escritor famoso. Pero siempre recordé que me regaló una moneda, y que jugamos con su nieto Alberto. Muchos años después, en los ochenta, cuando viajaba a la capital española, mi madre me pidió que visitara a su prima Sara. Pasamos una tarde encantadora con ella y su esposo Mariano Sánchez de Palacios, escritor y crítico de música. Nos mostraron con orgullo, elegantemente enmarcada y colocada en lugar destacado, la foto del único hijo, Alberto, aquel niño con que había jugado tres décadas antes, ya un hombre joven, muy guapo. Al despedirnos, Don Mariano me obsequió un abridor de plata, que he usado a menudo todos estos años. No entendí hasta mucho tiempo después el significado de aquel gesto. Era un hombre mayor que se iba desprendiendo de sus cosas para perdurar en el recuerdo de los demás.
No fue hasta los años noventa que volví a hacer contacto con mi primo Alberto Sánchez Álvarez-Insúa. En mis viajes a Madrid vi una vez más a su madre, ya viejecita; conocí a su esposa Marién, sus hijos Sara y Alberto, cené en su casa y descubrimos cuántas cosas teníamos en común. Alberto era un intelectual, humanista, crítico literario, coleccionista de las muchas publicaciones en que colaboraron nuestros respectivos abuelos, Alberto Insúa y Alfonso Hernández-Catá, que eran cuñados. Alberto y yo compartíamos un marcado interés en la historia familiar, incluyendo la trayectoria de nuestro bisabuelo común, Waldo A. Insúa, también escritor. En 1996 cuando presenté en Madrid y Salamanca mi libro sobre Hernández-Catá, Alberto me acompañó en ambas ciudades, y descubrimos que él y mi hermana Lucía –que también viajó a España conmigo en esa ocasión– habían nacido el mismo día del mismo año, 22 de julio de 1942.