HAVANATIMES: “El colador de colas”, por Osmel Almaguer
Cuando en un sistema rígido pero a la vez caótico la gente vive con demasiadas necesidades insatisfechas, ocurren cosas que de curiosas pueden pasar a lamentables.
Copelia, la popular heladería del Vedado, tal vez sea, junto a las playas del este, la principal, y una de las pocas, diversiones para los casi tres millones de capitalinos que de una forma u otra viven y transitan en la ciudad.
No es difícil imaginar las colas que se forman, pero sí los inventos que hace la gente para sacar partido a la situación.
El sábado, cuando marcaba en una de entradas del Copelia, había un sujeto proponiéndole a la gente entrar sin hacer la cola a cambio de cinco pesos. “Este debe estar en combinación con algún trabajador del centro,” pensé.
Pero no, la idea era exclusiva del aquel hombre, que descaradamente estaba entorpeciendo la cola, que casi no avanzaba.