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HAVANATIMES: “Escuchando a mi policía”, por Julio de la Yncera

Recuerdo hace tiempo, cuando estudiaba en la Universidad, mis visitas al Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de la Habana. Me sorprendió mucho ver unas armas de guerra (ametralladoras anti-aéreas) en el patio central del museo.
Después que terminé mi visita, miré a todas partes y como no había nadie, escribí mi opinión en el Libro de visitas criticando la presencia de las armas de guerra en un museo de arte. Poco después presencié cómo unos muchachos leyeron lo que  escribí y comentaban entre ellos sobre lo escrito.
Por supuesto no firmé con mi nombre, pues tenía miedo.
Esta fue una de esas ocasiones que recuerdo haber escapado de la censura de mi Policía. Ese policía que llevamos todos los cubanos dentro. Que nos dice cuando nos pasamos de la raya.
Este policía muchas veces es peor que los Agentes de la Seguridad de carne y hueso. Este no necesita instalar micrófonos ni seguirnos a escondidas, ni hacer anotaciones de lo que hacemos, pues nos acompaña las 24 horas de cada día. Es muy difícil huir de su supervisión en todo lo que hacemos.
Como provengo de una familia católica recuerdo que de niño mi madre me decía que siempre tendría conmigo un ángel de la guarda que me acompañaría. Más tarde me di cuenta que mi ángel de la guarda, gracias a la revolución, se transformó en un policía represivo que no me dejaba expresarme, limitando severamente lo que pudiera decir, creando de cierta forma una disparidad entre lo que pensaba y lo que llegaba a expresar.
Esto lo hacía, claro está, para mi protección. Si hubiera expresado realmente lo que pensaba, no hubiera podido estudiar en la Universidad y tampoco hubiera encontrado dónde trabajar.

Hoy de nuevo tengo a mi ángel de la guarda y no a un policía y el privilegio que ya disfrutan muchos cubanos dentro y fuera de Cuba. Me refiero al privilegio de expresar lo que pienso.

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