CUBAENCUENTRO | Cuba

HAVANATIMES: “La gravedad horizontal de Cuba” (I), por Amrit

Aunque en el primerísimo mundo la gente entre a un aeropuerto casi con la misma naturalidad con que se abre la puerta de una tienda, para el cubano de a pie montar un avión hacia “afuera,” es romper una maldición silenciosa y siniestra.
Una especie de cordón umbilical consolidado con la intrincada burocracia que es necesario vencer antes de que el soñador tenga en sus manos, además de la visa, el tan preciado permiso de salida, que aunque ya no llega por correo postal en una pequeña cartulina, la gente le sigue llamando “tarjeta blanca.”
Con toda razón, y evitando que la maravillosa aventura no sea malograda por la envidia ajena, el “elegido” se impone una absoluta discreción sobre el tema.  Como dijo Martí, “en silencio ha tenido que ser porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas.”
He sufrido bastante por amigos que no se despidieron de mí y sólo me enteré de su partida cuando ya estaban del otro lado de esa demarcación abstracta que se llama horizonte. Pero con el tiempo entendí que la paranoia no es infundada si desde que tienes conciencia te hacen creer que tulibertad de movimiento está restringida, sujeta, confinada al control más extremo.

Miro al horizonte y me pregunto cuán larga es la distancia que me separa de París, donde salió una novela mía esta primavera.

www.cubaencuentro.com