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HAVANATIMES: “Un bar familiar”, por Daisy Valera.

Las victrolas comenzaron a desaparecer con la decapitación revolucionaria de los bares de barrio.  Los boleros, la trova y el son se comenzaron a  vender a los turistas,  junto a unos tragos no aguados.
Los  viejos bares, señales de una tradición heredada de España, son ruinas o fueron dignamente convertidos en tiendas para la venta de productos subsidiados.
Pero hoy, que asistimos a la lenta muerte de la libreta de abastecimiento, no es extraño esperar el renacimiento de los bares.
El germen lo encontré hace pocas noches. No me pidan que diga el nombre del  establecimiento ni que de la dirección. No pecaré de desconsiderada o delatora.

Yo me quedo con el bar familiar, donde se leen en las paredes frases de Ocho y no veo la cara descontenta de algún trabajador asalariado.

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