ICRARIZA: “Dramaturgos”, por Matías Montes Huidobro.
Desde hace muchas décadas he estado empeñado en el análisis y la divulgación de la dramaturgia cubana en su totalidad, incluyendo aquella que ha estado escribiéndose fuera del territorio insular, llámese exilio o diáspora, y que es parte intrínseca del teatro cubano pero que, sometida a circunstancias geográficas y políticas especiales, representa un hecho diferencial, aunque el teatro cubano sea uno solo, como también he destacado un buen número de veces. El teatro (del cual muchas personas no tienen la menor idea de lo que realmente es) es la ultima carta de la baraja entre los géneros literarios. Mucho más “dramático” es el caso de una producción literaria que, consciente de su identidad histórica y cultural carece de un “territorio” específico en el cual afincarse. Naturalmente que, por ser mi propia persona parte intrínseca de esta vertiente escénica, como dramaturgo, esto me ha llevado a insistir en el análisis de esta parte significativa del teatro cubano, al que le he dedicado gran parte de mi tiempo, como me ocurre precisamente en este momento. Por muchos años, a través de conferencias nacionales e internacionales, Dramaturgos primero, Editorial Persona y Anales Literarios después, artículos publicados en el Diario las Américas, una serie de comentarios bajo el subtítulo de “Una dramaturgia sin escenario” que aparecieron en Teatro Mundial.Com, al cuidado de Ernesto García, y más recientemente en la página Web del ICRA, y en mis libros, he insistido en el tema, que me ha conducido finalmente a la organización del congreso “Teoría y práctica de la dramaturgia cubana del exilio”, bajo el lema aglutinador de “Celebrando a Virgilio”, figura en la cual se acopla toda la dramaturgia cubana contemporánea.