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ISLIADA: “Aspiraciones y realidades”, por Emerio Medina.

La creación del nuevo concurso literario de cuento Alejo Carpentier en el año 2002 dio un nuevo impulso al género. Los nombres de los jóvenes cuentistas empezaron a ser pronunciados por un público cada vez más amplio. Es común encontrarse a un cubano en un parque leyéndose un libro de cuentos de Ernesto Pérez Chang, Jorge Ángel Pérez, Lorenzo Lunar, Raúl Flores Iriarte, Rafael de Águila, Alberto Garrido, Orlando Luis Pardo, Obdulio Fenelo, Marcial Gala, etc. Y, para satisfacción nuestra, ocurre lo mismo con libros de cuentos escritos por mujeres. Son muy conocidas en nuestro país las escritoras de cuentos Laidi Fernández de Juan, Mylene Fernández Pintado, Evelyn Pérez, Ena Lucía Portela, Anna Lidia Vega Serova, Mariela Varona y otras.
Hoy se puede asegurar que, en términos de calidad, el cuento cubano disfruta de una mejor posición respecto a la novela. Un hecho singular ha brindado su aporte palpable: la creación del curso para jóvenes narradores, que dirige el escritor Eduardo Heras León. No conozco de una institución parecida en el mundo hispano. Recuerdo ahora que Juan Rulfo encabezó una experiencia similar en Méjico en los años 50. La experiencia cubana ya ha dado frutos abundantes. Hoy se puede hablar de una escuela cubana de narrativa, al menos en lo que a estilo y abordaje de la realidad se refiere.

Abundan los cuentos sobre la emigración (legal o ilegal), la prostitución (femenina y masculina), la vida nocturna (rocambolesca u oscura…)

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