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LANZARLAFLECHA: “El cine Mara no está en la literatura”, por Rosa Ileana Boudet

El 6 de diciembre de 1955  la sección cultural del periódico  anuncia la exhibición de  Intolerancia de Griffith en  un ciclo de clásicos en La Habana y la inauguración del  cine Ma'ra,  situado entre Santos Suárez, Jesús del Monte y la Víbora ( sic). Será orgullo de la capital, dice el título, con  sus cómodos asientos - 600-  tanto en la planta baja como en los altos. Se pondera una pantalla  "con los requisitos más modernos para acoger los últimos sistemas de proyección".  El aire acondicionado sería de la marca Carrier con el objetivo de  mantener una "deliciosa temperatura". En  el circuito de estrenos con el América y el Rodi,  gracias a  Manolo Álvarez, de quien se dice, es un esforzado e imaginativo empresario. La película escogida sería el  pre-estreno de El ladrón del rey, en CinemaScope y en colores con Edmund Purdon. Precios de 30, 40 centavos por la tarde y 60 y 40 por la noche.
El Mara, que no creo tiene especial significación en la literatura, salvo para el profesor González Echevarría, que recuerda sus matinées, es para muchos  memoria  imborrable no sólo del barrio,  sino de la magia de la sala oscura y el esplendor de la pantalla que entraba en la adolescencia como fantasía.

Reviso la prensa para otra cosa, pero me acecha la tentación de abandonar mi objeto de estudio - el teatro- y recoger los momentos, hechos y registros que son vivencias irrepetibles para los mayores de sesenta años.

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