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LUNESDEPOSTREVOLUCIÓN: “Deathvolution”, por Orlando Luis Pardo Lazo.

Fantasmas moribundos. Era 2007 y filmábamos espectros en una escena de extremaunción en un hospital habanero. Reconstruíamos la muerte de un coronel de apellido Lezama o Cemí, para la película "El viajero inmóvil" del director Tomás Piard, que se movía entre las sombras como un hechizado, poseído acaso por el capítulo 6 (caja de muerto) de Paradiso. José Eugenio Cemí va a morir solo y le cruza un testamento poético al aparecido Oppiano Licario, un aparecido fatuo cubano en tierras foráneas (toda muerte es esa soledad de extranjería limítrofe).
La luz artificial era, en efecto, pobrísima, de ultratumba, y saqué algunas fotos escalofriantes. Los actores, reconocidos o novatos, lucían mudos, resolviendo sus mímicas con lugares comunes. Pero la verdadera película ocurría a medio metro del set, a espaldas del cablerío y las cámaras. Era 2007 y estábamos en el Hospital llamado Emergencias de la calle Carlos Tercero de La Habana. Yo estaba tan triste que hubiera querido ser actor de verdad para morirme de verdad sobre la costra de aquella camilla de verdad que no era de utilería.

El anonimato individual atenta en primer grado contra la masa monitoreada de enfermos y por eso es una cuestión de seguridad nacional…

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