LUNESDEPOSTREVOLUCIÓN: “Verde, verde: Más duro”, por Orlando Luis Pardo Lazo
Primer beso en boca entre machos en las pantallas grandes de la Cuba en Revolución. Primera penetración, rabos por delante y por detrás, placer de tripas desgarradas entre cubanos de pelo en pecho, sin ningún tipo de afectación. Me duele, ay, métemela más. Atmósfera nocturna, opresiva de tan orgiástica, parodia póstuma de PM: Putas y Maricones. Collages plásticos infernales de Rocío García. Humo, carcajada, y una muerte de bandoneón bonaerense, rejuvenecida quirúrgicamente y encarnada por la virgen (Farah) María: Dama de Negro. Arma blanca teñida del rojo mondongo del protagonista. La caída. No se lo digas a nadie. De eso no se habla. Yo soy hombre a todo, cojones. Si me coges las nalgas, te parto la vida, corazón. Dar el culo en Cuba es una caída. Cosa de carcelarios, de perversos, de gente sucia que desconoce el milagro militante del amor. Singar entre hombres no es tanto una enfermedad venérea como una violación. Así no se templó el acero. La Revolución no entra por los intestinos. Por eso la claustrofobia y la luz fea que abate este mediometraje menor, pero necesariamente ya un hito en la cinematografía nacional: Verde verde (2011), del director Enrique Pineda Barnet.