PENÚLTIMOSDÍAS: “Ellos, los opositores”, por Miriam Celaya
Si fuera posible clasificar los años tal como los vinicultores catalogan los vinos, yo diría que el 2011 ha sido una buena cosecha. Buena, para los cubanos que aspiramos a un futuro cercano de civilidad y transformaciones en la Isla y que hemos asistido a un gradual, pero sostenido acercamiento entre diferentes grupos de la sociedad civil alternativa, y a un reconocimiento mutuo de espacios y derechos comunes a todos. Para el gobierno, no tanto.
Para no pecar de alguna injusta e involuntaria omisión, eludo hacer una lista de esas burbujas de ciudadanos de diferentes tendencias, generaciones, profesiones y orígenes que vienen ampliándose como la levadura, quebrando el aislamiento en una sociedad largamente crispada por el temor o la desconfianza entre éste o aquel grupo o individuo. Baste apuntar que en el transcurso de este año ha crecido ese entramado de espacios de libertad surgidos espontánea y libremente, y se podría conjeturar que en ese tejido social están cifradas muchas esperanzas y aspiraciones de una Cuba necesariamente diferente y mejor.