CUBAENCUENTRO | Cuba

PENÚLTIMOSDÍAS: “Sucettes y chupi chupi”, por Emilio García Montiel

Ya he olvidado el tema, pero creo que alguna canción de Irakere (los segundos Irakere, por así decirlo) finalizaba con la onomatopeya de un bofetón; algo así como: “toma, pa’ que aprenda: tao”. Tampoco recuerdo si fue esa misma pieza la que provocó una reacción bastante airada de las altas instancias de la Federación de Mujeres Cubanas —el bofetón estaba destinado, obviamente, a una mujer— con la consecuente censura.
Más recientemente, David Calzado y la Charanga Habanera fueron sancionados, al parecer, por desmesuras en la incitación al aligeramiento de ropa durante una presentación en vivo. De todo ello (y seguramente desde ejemplos anteriores) hasta el controvertido “Chupi chupi” del reguetonero Osmani García (alias La Voz) tal vez podría trazarse un recuento de la relación violencia-sexo-machismo en la música cubana posterior a 1959, así como de su correspondiente censura —en cuanto se dictaminaba la acusación de vulgaridad.
Por su rápido desvanecimiento en la programación radial o televisiva o porque ninguno (o muy pocos) de estos temas implicara un atractivo musical mayor, quizás resulte más fácil recordar piezas donde el asunto iba por derroteros, o bien de mayor sutileza, o bien de mejor alcance musical. A principios de los años ochenta fui testigo de un recital del Septeto Nacional donde Carlos Embale se negó rotundamente (y se lo pedían a coro) a cantar “El Castigador” porque (no lo dijo así, pero era el sentido) ya estaba calificada como una canción machista y “no quería problemas”. Con independencia de su letra —que, personalmente, creo que tipifica a un personaje más que encarnarlo— “El Castigador” siempre fue una pieza emblemática del Septeto. Hoy apenas aparece en las reproducciones de la obra de Ignacio Piñeiro, incluso en la red.

www.cubaencuentro.com