PENÚLTIMOSDÍAS: “Un dilema del postcastrismo”, por Ernesto Hernández Busto
¡Cuánta sabiduría, pero también cuánta amargura en este fragmento de Humano, demasiado humano, en el que Nietzsche advierte contra la “afectación en la despedida”:
El que se quiere separar de un partido o de una religión se imagina que es necesario para él refutarlos. Pero es una pretensión orgullosa. Tan sólo es necesario que conozca exactamente los lazos que le retenían hasta el presente en ese partido o en esa religión, lazos que ahora ya no existen, intenciones que le impulsaban por ese camino y que ahora le impulsan por otro. No es por las razones severas del conocimiento por lo que nos ponemos del lado de tal partido o religión; no deberíamos, al despedirnos de ellos, tomar esta actitud.
En este breve trozo aforístico está bien explicada la razón principal de la perpetua derrota escénica del desencantado por el entusiasta militante, pero también de su íntima e indiscutible victoria. Porque bien visto, no hay racionalidad más irrefutable (aunque menos atractiva) que la derivada de la dialéctica del desencanto, con la que se concluye el trayecto de una disidencia o de un malestar social.