SINEVASIÓN: “Morir muchas veces, o epitafio pre-mortem”, por Miriam Celaya.
De no ser porque el señor F en los últimos cinco años se ha venido metamorfoseando lenta, pero inexorablemente, en cadáver viviente, podría afirmarse que ahora mismo está transitando por otra de sus numerosas muertes. La primera, acompañada de una Proclama firmada por el propio pre-occiso, fue la más impactante, debido a que tuvo el efecto de hacer pública y palpable la condición mortal del hasta entonces Invicto comandante. En aquel entonces se generó un revuelo expectante en el cual no faltaron los más disímiles sentimientos, desde las euforias aderezadas con pantagruélicas borracheras de celebración anticipada, hasta algún que otro doliente sincero, de esos que nunca faltan en la geografía humana de esta Isla. La mayoría de la gente decía que “ya era hora, aunque yo no le deseo la muerte a nadie…”, apegados a la creencia general que nos han enseñado desde la infancia: desear la muerte ajena es precipitar la propia. No había en ello, pues, un verdadero interés en la salvación del Mesías venido a menos, sino la precaución de mantener alejados de sí mismos los malos agüeros. Es sabido que en este pueblo la superstición siempre ha superado a la veneración.