CUBAENCUENTRO | Cuba

TUMIAMIBLOG: “El doble: Miranda y Fidel Castro”, por Alcides Herrera

Cuando el verdadero Fidel Castro murió, en 1986, tras su cómico discurso en Sancti Spíritus, pueblo que odiaba, pueblo que le devolvía ese odio, Raúl brindó temprano, mezclando alegría y nerviosismo, para después dormirse. Mientras aquel primer Comandante hablaba, alguien entre la multitud le enseñó el protagónico dedo del medio (he aquí el origen del infarto) y desapareció entre los demás enguayaberados sin dar oportunidad de que lo fusilaran al amanecer. (Se quién fue y no lo diría aunque me torturen; sé quién fue y nadie me ha ofrecido dinero por decirlo).
Raúl despertó como a la una de la mañana. Tenía a su gente esperando. Alguien que describiríamos como un tipo atlético, le sirvió un vodka con hielo apenas le vio abrir los ojos y reconocer esa expresión tan familiar. -¿Y ahora qué carajo hacemos? –dijo Raúl, y se empinó el vaso. -Desayunar, mi general.
Miranda era famoso en Banao, no sólo porque cosechaba los ajos y cebollas más grandes del pueblo, sino por su definitivo parecido a Fidel Castro. Barbado, del mismo tamaño, nariz y edad; Leo también. Desde 1959 esto había causado gracia a los otros guajiros. Miranda, como los demás hombres de la zona, por muchos años frecuentó el bar Soledad durante los meses que siguen a la cosecha. Había aprendido a imitar la voz de Fidel Castro a la perfección. Si le faltaba ron, repetía pedazos de “los discursos” o los improvisaba. Tras rellenarle el vaso, la gente lo oía sin reírse, sin interrumpir, pues parecía que el mismísimo Comandante estaba entre ellos. (Miranda había conseguido un uniforme verde-olivo, una gorra, un tabaco perenne; el antiguo dueño del bar, ahora su casi feliz administrador, le dejaba golpear la mesa con el puño en momentos de énfasis.) La noche del 26 de julio de 1986 vieron a Miranda por última vez en el bar Soledad. Y en todo Banao, en Sancti Spíritus, en zonas aledañas.

Por casi veinte años, Miranda hizo lo que le pidieron. Aunque lo mantenían al margen de las decisiones y no le dejaban leer el Granma, a él le importaba poco: amazó una fortuna suficiente como para comprar Banao…

www.cubaencuentro.com