Actualizado: 24/11/2017 16:37
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Cuba, EEUU, Ataque

Ataque acústico y mala memoria

La denuncia tardía del DDC no tiene nada que ver con los ataques acústicos en La Habana, pues aquí las víctimas no escuchaban el sonido agresivo

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Al confirmar el Departamento de Estado que 16 estadounidenses “de la comunidad de la embajada” en La Habana presentaron síntomas de haber sido atacados con “dispositivos de sonido”, el Directorio Democrático Cubano (DDC) se apeó en Miami “con que el gobierno cubano utilizó ataques acústicos como métodos de tortura en el pasado” (El Nuevo Herald, 24 de agosto de 2017).

El 20 de julio de 2007, el DDC publicó un informe de 411 páginas sobre el presidio político (1959-2006) en Cuba sin mencionar ni una sola vez “acústico” o “acústicos” y una sola vez “sonido”, al describir con la farragosa expresión “sistemas portátiles de ampliación de sonido” que una turba castrista dio tángana frente a la casa de Elizardo Sánchez usando altoparlantes o altavoces (página 125). A este último respecto sólo constan “llamadas por altavoces para juicios relámpagos” en La Cabaña (página 194).

El DDC trae como testigo excepcional al ex preso político (1974-88) Luis Zúñiga Rey, quien jamás había soltado que en el Combinado del Este se usaban regularmente ruidos electrónicos como método de tortura, a pesar de que haber participado, entre 1989 y 2004, en las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Ahora precisa hasta que “el sonido era como el de la radio de onda corta cuando no está sintonizado y emite sonidos estridentes. La tortura duraba todo el día y toda la noche (…) y terminó cuando un preso, Rafael Del Pino Siero, murió”.

Así parece que una cosa tendría que ver con la otra, pero en su demanda contra el Estado cubano por la muerte de este Del Pino, que mereció indemnización por $253 millones, sus hijos no alegaron ni de refilón que hubiera sido víctima de semejante tortura. Tampoco aparece en la versión de Sergio Bravo, vecino de la celda de castigo donde Del Pino se ahorcó en el Combinado del Este [1], ni en las versiones de terceros acerca de que “lo suicidaron”.

Campo tonal

La denuncia tardía del DDC no tiene nada que ver con los ataques acústicos en La Habana, pues aquí las víctimas no escuchaban el sonido agresivo. El súbito testimonio de Zúñiga tiene que ver más bien, por ejemplo, con las operaciones psicológicas (Psy Ops) de las fuerzas invasoras o liberadoras de EEUU que pusieron música rock altísima al general Noriega para que saliera de la nunciatura apostólica en Ciudad Panamá, así como a prisioneros iraquíes para ablandarlos antes del interrogatorio. Los ataques en La Habana son peculiares porque los sonidos tienen que haberse generado con frecuencias por debajo o por encima del espectro audible del oído humano, que corre más o menos de 20 Hz a 20 kHz [2].

Por debajo de 20 Hz, los sonidos son tan graves (infrasonidos) que pudieran causar vértigo y hasta vómito y diarrea, pero generarlos presupone instalar altavoces (subwoofers) fácilmente detectables y difícilmente apuntables contra objetivos específicos. Por encima de 20 kHz, los sonidos son tan agudos (ultrasonidos) que pueden dañar los oídos, pero generarlos requeriría tan sólo dispositivos similares a los “mosquitos” que emplean algunos comerciantes para espantar a adolescentes de sus tiendas.

No obstante, amplificar y dirigir ultrasonidos contra determinada persona exigiría colocar el dispositivo cerquita (dentro de la residencia) y aun así sortear barreras como paredes o cortinas. Al efecto de causar daños a personas detrás de una ventana, el dispositivo tendría que ser del tamaño de una maleta. Para causarlos a media cuadra debería tener el tamaño de un auto, según cálculos del profesor de Acústica Tim Leighton (Universidad de Southampton, Inglaterra).

Al parecer CBS largó fake news con atribuir mild traumatic brain injury como consecuencia del ataque acústico. Para esto el sonido agudo tiene que haber penetrado en el tejido cerebral y hasta el Bobo de la Yuca sabe que los técnicos de ultrasonido médico aplican gel antes de proceder, porque un poquito de aire nada más impediría que el ultrasonido emitido pasara al cuerpo.

La policía estadounidense recurrió a dispositivos acústicos de largo alcance (LRAD) contra las multitudes que protestaban contra la Cumbre G20 en Pittsburgh (2009) y la muerte de Michael Brown en Fergurson (2014), pero “a variety of physical symptoms”, como declaró la portavoz del Departamento de Estado, sobreviene ya sólo si los sonidos son de altísima frecuencia o la exposición a ellos es muy prolongada.

No parece lógico, aunque tenga mucha salsita anticastrista, que el Gobierno de Cuba lanzara tales ataques. De ahí que Washington se limitara a expulsar a dos diplomáticos cubanos como represalia contra La Habana no por atacar, sino por incumplir su obligación de proteger al personal diplomático acreditado. Más lógica tendría que agentes díscolos se atrevieran a lanzar tales ataques para malear las relaciones Cuba-EEUU o simplemente para causar daño, como podría suponerse de agentes iraníes o norcoreanos, o si se quiere de rusos o chinos, con alguna cobertura legal en La Habana.

Sin embargo, las hipótesis de investigación tienen que partir de cómo pudieron montarse los ataques, [3] ya que la clave acústica en sí dista mucho de prueba convincente y la variedad de síntomas físicos pudiera venir de ataques más pedestres con drogas o veneno.

Coda

Los agentes del castrismo —a los cuales los combatientes verticales del anticastrismo por Internet nunca pudieron endilgarles el cartelito, porque ni siquiera podían imaginarse quiénes eran— sí tienen largo historial en el uso de altas frecuencias, pero en el campo electromagnético y para recibir o trasmitir mensajes cifrados por onda corta. Así se comprobó ejemplarmente en los encausamientos de Walter y Gwendolyn Myers (2009), Carlos y Elsa Álvarez (2006), Ana Belén Montes (2001) y la Red Avispa (1998).


Notas

[1] Bravo relata que Del Pino fue arrojado en la celda contigua sin la sonda que necesitaba para orinar y se quedó en medias y calzoncillos. Vino el médico y dijo que solicitaría traslado al hospital, pero pasó el tiempo y Del Pino acabó por decirle que no podía continuar así. Al cabo Bravo sintió un golpetazo en la puerta y llamó a gritos los guardias, que abrieron la celda y enseguida se retiraron para venir después a retirar el cadáver. Otro recluso, Mario Salabarría, contó que Del Pino intentó ahorcarse en Guanajay, tomó veneno en Melena del Sur y sufría de “locura violenta. De pronto se quitaba la ropa, y él tenía un problema en la vejiga, y andaba con un depósito para su orine, y se zafaba el pito y cogía la botella, que la gente le decía la granada de Rafael, y amenazaba con tirarla a quien se le acercara”.

[2] Hertz (Hz) o hercio es la unidad internacional de frecuencia e indica cuántas veces se repite una onda (ya sea sonora o electromagnética) en un segundo. Equivale a ciclo por segundo.

[3] Ya circula que las personas afectadas estaban escuchando transmisiones de alta frecuencia en labor de espionaje y fueron “contra-atacados”, y que las ondas sonoras de alta frecuencia causantes de lesiones se emitían para activar dispositivos de escucha plantados en las casas de los diplomáticos, algo mucho más comprensible si fueran ondas electromagnéticas.


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