Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Cuba, Relaciones, EEUU

Buena vecindad Cuba-EEUU

Un par de asuntos rutinarios que pondrán a prueba la coherencia de la Casa Blanca con respecto al tema cubano

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La bandera americana se izó por fin frente al Malecón, a pesar del alboroto mediático con que voceros del anticastrismo tradicional vienen disimulando su ineficacia política para convencer al gobierno y la opinión pública en EEUU de que la capitulación ante la dictadura castrista es vergonzosa.

Ya vocearon el consuelo de que acomodarse con Castro es mera decisión de la administración Obama, tan circunstancial como reversible, sin advertir que el caso Cuba es otro más en la estrategia de política exterior cantada por Obama desde el 4 de junio de 2009, al intervenir en la Universidad de El Cairo sobre cómo superar “la tensión arraigada en fuerzas históricas que van más allá del debate político actual”. La estrategia contraria de línea dura no goza de apoyo popular ni de consenso en la bandería republicana, que viene fracturándose cada vez más por entre conservadurismos insostenibles.

Realpolitik

Desde la perspectiva liberal, Obama entró con la manga al codo al problema cubano el 20 de enero de 2015 en su discurso sobre el estado de la Unión: “Estamos poniendo fin a una política que hace rato sobrepasó su fecha de expiración. Cuando lo que uno está haciendo no sale bien por 50 años, es hora de probar con algo nuevo (…) Este año el Congreso debe comenzar a trabajar por el fin al embargo”.

El discurso de John Kerry en La Habana plasmó aún mejor la estrategia de dejar atrás malos recuerdos y dialogar con el gobierno sin dejar la oposición al garete, para ver si por fin el pueblo cubano decide avanzar por sí mismo hacia la libertad y la democracia. La coherencia de la Casa Blanca se pondrá de inmediato a prueba en un par de asuntos rutinarios:

  • Ahora en septiembre Obama tiene que decidir si prorrogar por un año más el ejercicio de ciertas facultades con respecto a Cuba, al amparo de la Ley de Comercio con el Enemigo (1917), conviene o no a los intereses nacionales de EEUU. Tras levantarse las sanciones a Corea del Norte en 2008, Cuba es el único país sujeto a esta ley.
  • El 1ro de marzo de 2016 cesaría automáticamente la situación que, al amparo de la Ley de Emergencias Nacionales (1976), se decretó con respecto a Cuba en 1996, por el derribo en aguas internacionales de dos avionetas desarmadas de Hermanos al Rescate, y se expandió en 2004 a denegar toda asistencia monetaria y material al gobierno. Para que esta situación de emergencia continúe, Obama tiene que notificar al Congreso dentro de los 90 días precedentes al cese.

Así como estas rutinas tendrían que interrumpirse, se mantendrá otra que Obama delegó desde enero 31 de 2013 en el Secretario de Estado: reportar cada seis meses al Congreso la suspensión del derecho a reclamar que la Ley Helms-Burton (1996) concede en su Título III [Protección de los Derechos de Propiedad de los Nacionales de Estados Unidos]. Kerry seguirá la rima de que “esa suspensión es necesaria para el interés nacional de Estados Unidos y acelerará la transición a la democracia en Cuba”.

(Sin) Embargo

La ley antedicha prosigue siendo el núcleo duro del diferendo al condicionar la suspensión y el levantamiento del embargo a sendas decisiones de la Casa Blanca sobre el arribo al poder de “un gobierno cubano de transición” y de otro “democráticamente electo”, respectivamente.

Aunque fueron mucho menos libres que en Cuba, Obama soltó alegremente que las elecciones en Etiopía habían promovido “a democratically elected government”. Ni él ni ningún presidente americano pueden darse ese lujo con Cuba. Para ella la Ley Helms-Burton define puntillosamente qué son los gobiernos de transición y democráticamente electo, pero con requisitos que podrían darse ya solo mediante contrarrevolución popular, que encabezarían acaso líderes opositores como el hambre y la necesidad, pero nunca jamás los lidercillos cubiches de la libertad y la democracia.

La alternativa estriba en revuelta del Congreso de EEUU para derogar la ley. A la espera del cambio de la correlación de fuerzas allí para que esto suceda, el embargo seguirá desfondándose en la misma medida que la Casa Blanca emprenda las acciones cantadas que refuerzan la dinámica procastrista entre el ajuste cubano —irrevocable mientras persista el embargo— y la industria de viajes, envíos y otros negocios con la Isla. La indignación y alardes de la disidencia en Cuba y el conservadurismo en USA seguirán impotentes.

Anticastrismo farandulero

Entretanto cunde la proclividad a vivir del cuento y la jarana anticastristas, tal como el senador (R-Tejas) y candidato presidencial de tenue ascendencia cubana Ted Cruz viene ilustrando ejemplarmente:

  • Primero anunció el pueril intento de legislar que el tramo de calle frente a la embajada cubana se renombre “Oswaldo Payá”, como si Castro no pudiera replicar —digamos— rebautizando “Julius y Ethel Rosenberg” la cuadra frente a la embajada americana para darle una dirección postal igual de bonita.
  • Luego se sumó a la troika republicana cubano-americana de la Florida [Ileana Ros-Lehtinen, Mario Diaz-Balart y Carlos Curbelo] y a su conmilitón demócrata Albio Sires (Nueva Jersey) para quejarse de que “allowing Cuba to open an embassy in Washington, D.C. or consulates will further open the door for their espionage activities”, como si diplomacia y espionaje no vinieran de la mano desde la antigüedad. Al abrir ahora sus embajadas y luego consulados por ahí, Cuba y EEUU simplemente abren más puertas a sus respectivas actividades de espionaje y contraespionaje.
  • El Ted Party se quejó incluso de que el vocero del Departamento de Estado, John Kirby, instó a Rosa Maria Payá y Orlando Luis Pardo Lazo a no formular preguntas durante la conferencia de prensa que dieron Kerry y Bruno Rodríguez el 20 de julio en Washington. Ted Cruz y los demás inquirieron si el Departamento de Estado tenía como política prohibir a los disidentes preguntar, así como confabularse con gobiernos extranjeros para censurar “potentially unfriendly media”. Solo que antes debieron indagar qué friendly media colaron a Payá y Pardo Lazo en conferencia de prensa tan selecta, porque ellos no han sido jamás corresponsales diplomáticos. Ni siquiera en El Cerro.

Coda

Las banderías demócrata y republicana estadounidenses rechazan de plano el partido único y la represión política, la dirección centralizada de la economía y el monopolio de los medios masivos de comunicación; la elite gobernante en Cuba rechaza de plano cambiar tales rasgos de su Estado totalitario. Y si esta elite no cedió a las presiones de Washington, mucho menos cederá ante opositores concentrados en espantar peticiones y reclamaciones al gobierno sin deslegitimarlo primero borrando las apariencias de respaldo popular.

Por entre los cacareos de la oposición sobre “unidad en la diversidad” viene abriéndose la posibilidad de que, al compás del poder blando que pudiera ejercer Washington, aquella elite gobernante se quiebre en grupos de interés y prevalezcan quienes —bajo el paraguas ideológico de otra Cuba mejor— sostengan la democracia liberal y la economía de mercado como puntales de sus propios intereses. No en balde Fidel Castro largó la tesis de implosión política desde el 17 de diciembre de 2005 en la Universidad de La Habana: “Esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.


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