Actualizado: 23/10/2017 19:18
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Primavera Digital, Disidencia, Periodismo Independiente

Cuando una primavera peligra en Cuba

La lucha por la democracia vista desde Estocolmo, Miami y La Habana

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Es evidente que no se ve de igual manera la lucha por la democracia en la Isla cuando se mira desde Estocolmo que cuando se mira desde Miami o desde dentro de Cuba, sea desde Cocosolo o desde una oficina climatizada del Palacio de la Revolución.

En el mundo moderno eso se expresa hablando de percepciones alternativas legítimas, pero antiguamente el habla popular se refería a los versos de Campoamor de que todo es según el color del cristal con que se mira.

Los cubanos, en general, abordamos estos asuntos con la carga de pasión y emociones que ponemos a cualquier cosa que tal vez requeriría más análisis y flexibilidad que golpes de pecho y llamados a degüello. Para tratar de atemperar mis criterios sobre este tema, tuve un productivo y prolífico intercambio con dos amigos y colegas de Cubanálisis-El Think-Tank, Antonio Arencibia en España y Lázaro González en Canadá, quienes contribuyeron generosamente, como siempre, al análisis. No obstante, es exclusivamente mía la responsabilidad por errores, omisiones o insuficiencias de este artículo.

Hemos conocido recientemente, con congoja, que los colegas dentro de Cuba encargados de publicar semanalmente Primavera Digital (PD), un órgano de prensa independiente cubana presente en Internet desde hace ya muchos años, experimentan dificultades con las instituciones suecas encargadas de canalizar el dinero del presupuesto del país nórdico destinado a apoyar la lucha por la democracia en diferentes países de Europa, África y América Latina, entre ellos Cuba. Según dicen el director y subdirector de la publicación, ya no pueden actualizar la página al habérsele cambiado los códigos de acceso al servidor sin conocimiento de ellos, y enfrentan el peligro de que a partir de fin de año la página no pueda salir más.

Esa ayuda la canaliza el Centro Internacional Demócrata Cristiano de Suecia (KIC en sueco, CIDCS en español), Organización No Gubernamental con lazos ideológicos con el Partido Demócrata Cristiano sueco, cuya ala juvenil presidió entre 2011-2013 Aron Modig, el amnésico pasajero junto al español Ángel Carromero en el fatídico evento donde perdieron la vida los opositores cubanos Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Según expresa el CIDCS en su página web, sus proyectos se desarrollan en colaboración con los asociados de cada país en base a sus necesidades específicas, y en países con regímenes represivos se hace énfasis en el apoyo a los medios independientes de comunicación y a los movimientos demócrata-cristianos. Primavera Digital no es un movimiento demócrata-cristiano, sino un medio independiente de comunicación que funciona en un país donde impera un régimen represivo, y en base a ello el KIC o CIDCS canalizaba fondos del presupuesto sueco hacia PD.

Según señaló en La Habana Juan González Febles, director de PD, desde Suecia “empezaron primero con exigencias de que hacía falta jóvenes en el periódico. Luego hablaron de cuotas raciales, de cuotas de homosexuales, pero Primavera Digital es un espacio sin censura para todos los cubanos”.

Hasta donde se puede ver revisando las páginas de PD, tanto en la redacción como en el equipo de colaboradores, que entre ambos suman 108 cubanos, aparecen mujeres y personas de piel negra, es decir, sin aparentes exclusiones raciales o de género. Entre ellos no son pocos quienes también publican en Cubanet, prestigioso sitio digital que se edita en Miami y publica a numerosos periodistas independientes de la Isla.

Los suecos son estrictos con las cuotas de participación, por ejemplo, en lo que llaman Igualdad de Género. Se sienten orgullosos de que su parlamento ocupe el cuarto lugar mundial en composición femenina de los diputados, con un 44 %, y admiran al tercer lugar mundial, con un 45 % de diputadas en su Parlamento, que es Cuba. Para algunos parece más importante el porcentaje de mujeres en un parlamento que el hecho de que respondan absoluta y unánimemente a los intereses y órdenes de un “régimen represivo”.

La secretaria general del KIC declaró a Diario de Cuba que Primavera Digital ha mostrado “incomprensión” y “falta de respeto”. Dijo que el KIC intentó modernizar la publicación “sin tener respuesta positiva”, agregando que “como cualquier proyecto nos trazamos metas y si estas no se cumplen porque consideran innecesario mejorar la calidad, pues se debe cambiar el rumbo. Implementar procesos para mejorar la calidad y la capacidad de sus socios es algo que se hace en todas las organizaciones, empresas y corporaciones del mundo”.

Alega que KIC intentó capacitar periodistas y fomentar estructuras internas democráticas y modernas para PD, “sin tener respuesta positiva”, y aunque señala haber mantenido “una relación buena” con la publicación, dice algo que suena a despedida: “no queremos concluir de esta manera el proyecto conjunto (…) aunque ellos sabían que siempre ha habido la intención de traspasar la responsabilidad absoluta del periódico a la redacción en Cuba, y estábamos considerando todas las posibilidades para apoyarles a seguir su labor”. Como si ya no fuera a continuar el apoyo.

Tal vez el proyecto sueco contemplaba terminar en fin de año, y las exigencias de género, orientación sexual y edad, o de “modernización”, podrían ser pretexto para facilitar ese final más que exigencias arbitrarias o improvisadas de insensibles burócratas suecos.

Posiciones diferentes dentro y fuera de Cuba

Por otra parte, no podemos olvidar que entre quienes están interesados desde el extranjero en propiciar alternativas a la situación cubana hay diferentes posiciones, lo cual no es ningún pecado, sino todo lo contrario. Así, mientras los europeos se caracterizan por preferir más el acomodo con el régimen que la confrontación abierta, en Estados Unidos hay dos posiciones bien delimitadas: la que prioriza, en la línea tradicional de Miami, apretar las clavijas al régimen hasta la última tuerca, en una posición con pocas variables durante muchos años, y la más reciente de buscar resquicios que permitan realizar y ampliar negocios e inversiones en la Isla con el visto bueno de La Habana, y facilitar espacios que relajen las tensiones entre la dictadura y Estados Unidos, para beneficio de muy poderosos intereses económicos de cubanoamericanos.

En cierto sentido, los medios de prensa independientes en la Isla, aunque no hubieran nacido proponiéndoselo, reflejan de alguna manera en sus enfoques y orientación alguna de estas posiciones que se manifiestan en el exterior. Y, para decirlo claramente, los enfoques de Primavera Digital, con todo su derecho, tienen más que ver con la línea de denuncia y confrontación continua con la dictadura, característica de posiciones históricas de Miami, que la que preferirían los europeos, que pretenden, dicen, profundizar sus relaciones con La Habana, acompañar las reformas emprendidas por la Isla y fomentar mayor respeto por los derechos humanos en Cuba. Es decir, debilitar la Posición Común a través de un “acuerdo de diálogo político y cooperación”, mecanismo de consultas que conduzcan a un eventual entendimiento dentro de determinadas normas que permitan a Europa salvar la cara, como referencias abstractas al respeto de los derechos humanos o ilusiones de importantes avances en el programa de “actualización” del régimen.

La mayoría de los gobiernos europeos parecen decididos a apostar por la solución biológica y el cambio generacional, tanto en La Habana como en Miami. Desde Bruselas consideran que llevan ventaja suficiente logrando el posicionamiento adecuado dentro de Cuba frente a los nuevos aspirantes a protagonistas que desde Miami desean obtener lo mismo solicitando al presidente de Estados Unidos la flexibilización del embargo y las restricciones a viajes turísticos de americanos a la Isla, y destacando los “cambios” que estarían teniendo lugar en la Cuba de los Castro. Al mismo tiempo, Europa parece considerar, prepotentemente, que los veteranos de la línea tradicional de lo que se conoce como “exilio histórico”, basado fundamentalmente en Miami, ya no tienen base popular entre los “emigrantes” que han ido llegando al sur de Florida en los últimos tiempos, ni energía biológica suficiente para mantenerse por mucho tiempo más en la contienda.

Así las cosas, Primavera Digital, además de valiente, tiene que ser inteligente para capear el temporal que atraviesa y lograr subsistir en la tormenta. Sin necesidad de renunciar a su línea editorial de análisis continuos, confrontación a la dictadura y denuncia de sus arbitrariedades y desmanes, golpizas y abusos contra los cubanos, podría intentar lograr consenso con los patrocinadores (y se entiende que todavía amigos) suecos, posibilitando acciones que satisfagan a Estocolmo sin tener que vender su alma al diablo ni convertir la prestigiosa publicación, como dijo González Febles, en tratado de “temas de jardinería, recetas de cocina o moda”, lo que indudablemente sería “irrespetuoso, teniendo en cuenta la situación de un país con una dictadura”.

Sin embargo, en honor a la verdad, y sin poner en duda ni por un instante las palabras de los editores de Primavera Digital, es posible que nadie tenga en la mano todavía toda la información sobre este tema, porque no es demasiado fácil entender pasivamente que los suecos, que tan en serio se toman los asuntos de las libertades individuales y los derechos humanos en todo el mundo, independientemente de sus filiaciones políticas y partidistas, simplemente pretendan reducir Primavera Digital a revista de jardinería, cocina y moda, dirigida por homosexuales jóvenes, como solución a un eventual proyecto para lo que ellos consideran la modernización y democratización interna de esa publicación.

Si, lamentablemente, no se logra acercar las posiciones entre Primavera Digital y quienes canalizan las ayudas del presupuesto del gobierno sueco para la promoción de la democracia en Cuba, Juan González Febles y Luis Cino, director y subdirector de la publicación, tendrán que buscar esa imprescindible ayuda en otras partes, a la vez que mantienen su decorosa posición de reproducir los trabajos de Primavera Digital en sus blogs personales Infierno de Palo y Círculo Cínico.

Y, dada la correlación de fuerzas e intereses existentes en estos momentos, no parece probable que muchos europeos, ni tampoco los aspirantes desde Estados Unidos a convertirse en protagonistas en el drama cubano en contubernio con los Castro y sus herederos, sean los más factibles para simpatizar demasiado con la línea editorial de Primavera Digital y propiciar y materializar esa ayuda que tanto necesita ese valioso grupo de periodistas independientes en La Habana.

Porque hay algo demasiado claro: si Primavera Digital no puede continuar, perdemos todos los cubanos que deseamos la libertad, la prensa libre y la democracia para nuestra Patria, aunque no siempre tengamos que estar de acuerdo con todo lo que se publica ni con la línea editorial de esa ni de cualquier otra publicación. Y ganaría el régimen. Aunque algunos que pretenden ayudar, y ayudan generosamente, no logren entenderlo.

Una obligación ineludible

Finalmente, resultaría muy positivo evitar a toda costa todo tipo de confrontaciones fratricidas entre periodistas independientes, blogueros, opositores y activistas en la Isla, independientemente de las posiciones y programas políticos o simpatías personales de cada uno. Todo esfuerzo destinado a combatir a quienes deben ser aliados naturales frente al totalitarismo termina siendo, aunque no se entienda, un regalo que se otorga al régimen por obra y gracia de la cortedad de miras o afanes desmedidos de protagonismo y ego.

Tampoco el silencio cobarde o cómplice, ni el ninguneo, conviene a alguien más que al régimen. Resultaría inequívoco considerar obligación moral y profesional de todos los periodistas independientes dentro de Cuba, y de todos los que escribimos y hablamos en prensa digital o tradicional (escrita, televisiva o radial) en cualquier lugar fuera de Cuba, expresar claramente y sin ambages nuestra solidaridad con todos los que dentro de Cuba, sean quienes sean, reciban presiones para publicar criterios basados en intereses, deseos o políticas ajenas a sus propias convicciones, independientemente de quiénes pretendan exigírselo o de quiénes contribuyan a financiar las publicaciones.

Los matices editoriales, las formalidades y los contenidos y detalles de lo que se publique en cualquier medio siempre podrían ser negociables, pero los principios nunca.

Porque entonces no podrían existir las primaveras.


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