Actualizado: 17/07/2019 10:29
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Dios los bendiga

La paciencia no es siempre el mejor aliado. Entre dos que negocian, el que debe tener paciencia es el más débil

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El cardenal Dominique Mamberti, secretario del Vaticano para relaciones con los Estados, estuvo de visita en La Habana para participar en la X Semana Social de la Iglesia Católica cubana. Mamberti, acompañado de altos funcionarios de la dictadura castrista, visitó la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas (ELAM), una de las mejores parcelas del Diablo para mostrarla a quienes visitan el Infierno. Mamberti bendijo a varios estudiantes de la ELAM, que como sabemos, alberga en sus aulas —y demás instalaciones— a futuros médicos nacidos en varios países de América Latina. El canciller católico exhortó a los estudiantes a aprovechar la oportunidad de estudiar en Cuba para luego poner sus conocimientos “al servicio de los demás”. Los estudiantes extranjeros de la ELAM gozan de varias ventajas sobre los estudiantes cubanos todos: en la finca de Castro son objeto de una atención especial y, asimismo, reciben apoyo de sus empobrecidas familias allende los mares. No sería muy arriesgado afirmar que cuando estos estudiantes se gradúen y se marchen a sus países de origen, establecerán su consulta médica privada, o trabajarán en un hospital donde recibirán un salario mensual al menos cincuenta veces superior al que reciben hoy los médicos cubanos. Pero llevarán por las regiones de la América sufrida una magnífica propaganda: “Lo que soy se lo debo a la revolución cubana”; asumo que esta sea la frase que repetirán, olvidando que se lo deben a Fidel Castro, un paradigma en eso de alumbrar con grandes farolas la calle y cortar la luz en la casa.

El cardenal Mamberti inauguró el pasado miércoles la X Semana Social de la Iglesia en Cuba, lo cual nos trae titulares como éste: “Expertos debaten sobre posibilidad de cambios en Cuba”. Revisando parte de lo que ha circulado, atribuido a los ponentes en la magna reunión, algo de lo más lamentable, según mi parecer, es lo expresado por el obispo auxiliar de La Habana, Juan de Dios Hernández, quien ha afirmado que en las negociaciones previas con la dictadura cubana, ellos, los representantes de la Iglesia, han hablado “con toda libertad”. Hay dos posibilidades: o el obispo miente o el concepto que él tiene de libertad se parece al de la tiranía castrista. ¿Alguien imagina que a Castro II se le pueda hablar “con toda libertad”? ¿Debemos pensar que el obispo Juan de Dios le ha dado a conocer a los representantes de la dictadura el desprecio que siente la opinión pública internacional por las penurias que padece el pueblo cubano, por el pánico que es el pan nuestro de cada día en la Isla, por el crimen que significa mantener tras la rejas a hombres y mujeres que sólo han solicitado del déspota vivir en el libre albedrío?

Ha expresado asimismo el obispo Hernández que “En cosas tan delicadas como éstas hay que tener paciencia” y que el propósito de la Iglesia “no es terminar un proceso de relación [con la dictadura castrista] que puede ayudar muchísimo a muchas cosas, independientemente de los contenidos”. Entre dos que negocian, el que debe tener paciencia es el más débil. Con esta expresión del obispo auxiliar de La Habana queda demostrado quién es el más fuerte. Bueno, ya esto lo sabíamos, lo que nos sorprende es que este representante de la Iglesia Católica parezca dispuesto a transitar otra vez, con resignación tanta, con docilidad ejemplar, aquella travesía de cuarenta años por el desierto.

Sin embargo, la paciencia no es el mejor aliado de otros. Mientras se celebró el encuentro Iglesia–Dictadura en La Habana, el preso de conciencia Egberto Ángel Escobedo Morales continuaba muriendo, luego de dos meses de huelga de hambre y 16 años preso; la mamá de Egberto Ángel, Noris Morales, ha hecho pública la siguiente solicitud: “Le pido a la comunidad internacional que me ayude, que no le pase a mi hijo lo que le pasó a Orlando Zapata Tamayo” ―se refiere al disidente muerto el 23 de febrero pasado, después de 83 días en huelga de hambre. Y uno se pregunta: ¿Por qué no se le ocurrió a la mamá de Escobedo destinar este pedido a la Iglesia Católica cubana?

La misma urgencia tienen sin duda Guillermo Fariñas, Nelson Vázquez Lima, Guillermo del Sol Pérez y Juan Juan Almeida, éstos también en huelga de hambre para protestar contra la tiranía castrista. Urgencia igual inquieta a los demás prisioneros de conciencia que se hallan tras las rejas.

Así, me atrevo a hacer dos solicitudes. Una al cardenal Mamberti: una bendición también para estos hombres que están prisioneros y a los que han decidido arriesgar sus vidas mediante un ayuno indefinido, que ellos también son hijos de Dios, y de Cuba. Y al obispo Juan de Dios de Hernández: por favor, no se empoce en la paciencia, que ya el límite ha llegado.



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