ANALÍTICA.COM: “Víctimas de los Castro golpean una puerta que no abre: la Iglesia”, por Yoani Sánchez
Desde los balcones, los vecinos curiosos las ven caminar en fila por la ruidosa avenida Neptuno. Van vestidas totalmente de blanco y en las calles aledañas se prepara ya la turba que les impedirá el paso a fuerza de gritos y empujones. Son cerca de las cuatro de la tarde y llueve sobre La Habana, con esa fuerza que tienen aquí los aguaceros de verano. El agua hace que las ropas se peguen al cuerpo de las Damas de Blanco y la tropa de choque les cae arriba con los puños alzados y las bocas lanzando insultos. Los fisgones se meten dentro de las casas y miran sólo a través de las persianas entreabiertas. Durante más de una hora, la ordalía de la intolerancia estará en su apogeo y muchos evitarán pasar cerca del lugar, para no ser confundidos y agredidos. A miles de kilómetros de allí, en la también calurosa Madrid de estos días de agosto, el papa Benedicto XVI pronunciaba un mensaje de concordia y paz.