ARTEXPERIENCENEWYORK: “La pobreza idealizada”, por Ernesto Menéndez-Conde
Luego de la crisis de la segunda mitad de los años noventa, cuando la industria cinematográfica cubana parecía no poner una, el ICAIC vuelve a producir películas notables y competitivas. Basta reparar en algunos títulos: Suite Habana, El ojo del canario, Los dioses rotos, Afinidades y Habanastation. Todas estas son películas bastante logradas, hechas con limitados recursos y que podrían insertarse dentro de lo que Julio García Espinosa denominó un “cine imperfecto”. Al mismo tiempo se trata de una producción cinematográfica distinta a la del pasado. El nuevo milenio ha traído no sólo nuevas maneras de hacer filmes, más dinámicas y contemporáneas, sino también nuevas fórmulas narrativas y nuevas interpretaciones de los conflictos sociales.
Uno de los cambios que más me llama la atención es la representación de la figura del malo. Varias de estas películas se centran en el problema de las diferencias sociales en Cuba. Los nuevos anti-héroes del cine cubano son los privilegiados, tipificados por el delincuente, el jefe de la empresa y el consumista (en filmes como Los dioses rotos, Afinidades y Habanastation).
En el cine cubano no faltaron nunca los marginales, ni los funcionarios oportunistas ni tampoco los ricachones. Estos últimos eran los retrógrados representantes del pasado burgués. Sergio, el intelectual aburguesado de Memorias del Subdesarrollo, crítico tanto de la naciente revolución como del capitalismo de los años cincuenta, pero lo suficientemente egoísta como para no comprometerse con los nuevos cambios sociales. O la pudiente familia de Los sobrevivientes, encerrada en una casona donde involucionan hacia relaciones de producción regresivas, hasta llegar a los estadios más primarios de la recolección y el canibalismo. Los funcionarios eran, por otra parte, retratados como personajes grises, ridículos y mezquinos, mientras los delincuentes eran vistos como víctimas, en cuyos conflictos encarnaban los males heredados del pasado republicano. En tal sentido, se confundían con aquéllos campesinos y obreros machistas, a quienes las propias transformaciones revolucionarias los llevaban a la aceptación del nuevo proyecto social.