CHEZISABELLA: “Celebrando la vida de María Elena Walsh”, por Isbel Alba
Quizá para muchos cubanos de mi generación el nombre de María Elena Walsh no signifique mucho. Acostumbrados a la falta de información con que crecimos esto no sería el peor de los pecados. Sin embargo, estoy segura de que los personajes de sus obras infantiles y su poesía de baby flower nos acompañarán por siempre. ¿Quién de los nacidos en la década de los 70 no recuerda a Perro salchicha, la Canción del jardinero o la del brujito de Gulubú, su famosa Canción de la vacuna?
En medio de una lluvia de animados socialistas —los llamados "muñequitos de palo"—, muchos de estos temas eran convertidos en video clips por artistas del Instituto cubano de la Radio y la televisión (ICRT). Ellos aportaban una nota divertida a nuestras cronometradas tardes infantiles delante de la pantalla de los televisores rusos.¿Por qué decido celebrar hoy la vida de María Elena Walsh? Porque un día como hoy —pero en 1930— nació esa gran artista en el barrio de Mendoza, Argentina.
María Elena Walsh fue criada en un ambiente liberal donde estuvo en contacto con todas las criaturas y la naturaleza que más tarde poblarían sus obras. Todos coinciden en señalar que de joven era tímida y rebelde y que leía mucho. Indudablemente, esta mezcla daría sus frutos pues fue una escritora precoz.
Comenzó a publicar a los 15 años con colaboraciones para la revista "El Hogar" y el diario "La Nación". Dos años más tarde, siendo aún estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Artes, su libro "Otoño imperdonable" recibía el segundo Premio Municipal de Poesía. El jurado declaró que no le otorgaban el primer premio debido a su juventud.