CUADERNODECUBA: “Calles tomadas o calles prestadas”, por Alejandro Armengol
Dos marchas se celebraron el sábado 15 de octubre en Madrid. Una, multitudinaria, recorrió una parte de la Gran Vía, se apoderó de los alrededores de la plaza Cibeles y ocupó varias calles, desde las que los participantes acudieron a la Puerta del Sol. La otra, muy reducida, de apenas decenas de personas, estuvo formada por los basureros que, con un andar pausado y cotidiano, fueron recogiendo papeles abandonados y cualquier tipo de basura; los carteles que en un momento parecieron ingeniosos a sus creadores y terminaron por el piso o colgados en alguna reja. Una fue toda algarabía. La otra trabajo silencioso.
Sin embargo, al terminar la segunda marcha no quedaba en las calles rastro de la primera.
Soy pesimista por naturaleza. Quizá por ello tuve la impresión ese sábado en Madrid que el contraste entre ambas actividades era una buena metáfora de lo que ocurre en España con el movimiento de los indignados, de su presencia nula en las elecciones presidenciales que acaban de concluir, y no me quedó ni una ligera duda de que su futuro residía tras el esperado triunfo del Partido Popular.