CUADERNODECUBA: “La balsa y la noticia”, por Alejandro Armengol
Además de la materialización de un anhelo y un cambio total de vida, el emigrar define no sólo al individuo sino a su nación de origen. En lo que respecta a los cubanos, a través de los años ha ocurrido una transformación paulatina
―amplia y profunda al mismo tiempo
― de la forma en que se percibe a quienes llegan de la isla.
Vale la pena analizar brevemente el cambio en la representación del inmigrante, una simbología que ha evolucionado del mito del héroe-balsero a la denuncia del contrabando humano; de la epopeya de enfrentar la Corriente del Golfo en débiles embarcaciones
―o en muchos casos incluso en simulacros de embarcaciones
― a los guardafronteras persiguiendo las lanchas rápidas de los contrabandistas. Y aunque la tragedia no deja de estar presente, la entrada ilegal de cubanos ha perdido en parte su justificación política. Es vista ahora
―en el mejor de los casos
― como un drama familiar, al tiempo que es condenada por muchos que, por los medios más diversos, siguieron un camino similar con anterioridad.