DÍAZMARTÍNEZ: “Uno menos”, por Manuel Díaz Martínez.
Huía de su natal Sirte, tomada ya por los rebeldes, en un grupo de vehículos que fue atacado por aviones franceses de la OTAN. Mal herido, se ocultó en un agujero en la tierra -como hiciera su colega Sadam Husein-, y ahí fue rematado por milicianos antigadafistas. Un monigote sanguinolento es lo que queda del arrogante y cinematográfico coronel, amo y señor de Libia y los libios durante 42 años. Pero ahora es cuando empieza lo bueno, ¿o lo peor? “Alá es grande”, decía, en árabe, un cartel puesto sobre sus despojos. Le rendirán honores en la constelación bolivariana, con Hugo Chávez de Lucero del ALBA y Raúl Castro de Osa Menor. Es un buen momento para que Fidel Castro salga de su mastaba y presuma ante el mundo de tener el Premio Gadafi de Derechos Humanos.