DILETANTESINCAUSA: “Dos del horror cotidiano”, por Roberto Madrigal
Me atrevería a precisar que el “Quinquenio Gris” puede situarse entre el año 1968, cuando Castro desató su ofensiva revolucionaria, y 1980, cuando las visitas de la “comunidad”, la liberación de los presos políticos, el asilo masivo de la embajada del Perú y el éxodo del Mariel revelaron las pequeñas grietas de la muralla represora. Básicamente, llamo por ese término erróneo al período en que la el aparato represivo se consolidó y su fuerza fue ejercida a todo trapo. No quiero decir que no hubiera mucha represión ni antes ni después y estoy abierto a sugerencias.
La represión intachable se desplegó mucho más allá de la esfera cultural y abarcaba zonas de la vida diaria que ni los más paranoides podíamos imaginar.
Desde los cinco años hasta que me fui de Cuba en 1980 viví en un edificio de dos plantas y cuatro apartamentos, situado frente al cine Arenal. Para ser más preciso, en la Avenida 41 #2819, en Marianao. Tras la Reforma Urbana el área quedó incluida en lo que se denominó “Zona congelada”, que fue el título que puse a mi novela a sugerencia del artista y escritor Nicolás Lara. En mi pequeño edificio quedamos dos familias y los otros dos apartamentos quedaron vacíos. En 1961 fueron inmediatamente ocupados por “técnicos” checoslovacos, que una noche primaveral de 1968 fueron rápidamente evacuados. Recuerdo que la checa que vivía en el apartamento contiguo se paseaba casi todo el día desnuda y dada la estructura de mi casa no se necesitaba rascabuchear para verla. La noche de su apurada evacuación tocó la puerta de mi casa y me dio un fuerte abrazo y un beso, a mis impresionables 17 años, que todavía no olvido.
Los checos fueron inmediatamente sustituidos por “técnicos” rusos. Varias oleadas de ellos pasaban por allí, casi siempre tres o cuatro hombres juntos. Cuando nos cruzábamos saludaban cordiales pero evitando hacer contacto ocular. Los fines de semanas daban fiestas ruidosas y borrachos se encaramaban en las mesas cantando canciones rusas. Yo los sentía como si estuvieran en mi casa.