ELNUEVOHERALD: “El umbral de la definición”, por Andrés Reynaldo
Hoy los venezolanos eligen al candidato presidencial que desafiará a Hugo Chávez. Si las encuestas dan en la diana, el ganador será Henrique Capriles Radonski o Pablo Pérez. Muchos creen que entonces la oposición tendrá su última oportunidad en las urnas. Yo creo, más bien, que será la última vez en que veremos a Chávez con la sofocante máscara del juego democrático. A la evidente ecuación de que el chavismo no quiere abandonar el poder, hay que agregar el factor de que Cuba no puede darse el lujo de perder al chavismo. En rigor, la oposición venezolana se enfrentará en octubre por persona interpuesta a Fidel y Raúl Castro.
La debilidad de los demócratas venezolanos reside en su virtud. Con sus naturales fragmentaciones y sus arraigados escrúpulos, conforman el género de oposición que históricamente ha sido barrida por líderes como los Castro y los Chávez. En esencia, es una oposición que parece incapaz de llevar sobre sus hombros la mala conciencia de provocar un baño de sangre. Otro ejemplo de la incapacidad de la sociedad civil para superar por medios pacíficos un asalto totalitario desde el poder. Toda vez que ese asalto se lleva a cabo contando con la limitación ética y legal del contrario para recurrir a la violencia.
Dado el carácter de Chávez, la probabilidad de que reconozca una derrota ronda el milagro. Dado el carácter de los hermanos Castro es francamente acientífica. La supervivencia del castrismo no será dejada al albedrío de Capriles, Pérez u otro inesperado ganador. Tampoco, por cierto, al albedrío de Chávez. La cubanización de Venezuela apenas deja espacio para conjeturar en el cercano futuro la existencia de una oposición confinada a una intermitente función lírica. No hay en Venezuela una estructura opositora que resista una represión fulminante y minuciosamente planificada en caso de que al oficialismo se le vayan los votos de las manos.