ELNUEVOHERALD: “Viajes de ida y vuelta”, por Jorge Ferrer
Un colega regresa de Cuba y me cuenta anécdota jugosa. Acudió a fiesta en casa donde asaban puerco. Al fondo, en el patio, varios invitados se afanaban en torno a la caja china donde la carne comenzaba a dorarse. Una animada discusión dividía a los improvisados cocineros. Mi colega se acercó, a medias generoso, a medias intrigado, a ver en qué podía ayudar. Muy pronto descubrió que poco podía aportar viniendo de Barcelona.
En torno al animal que se asaba en una casa de Marianao, la discusión la protagonizaban dos espadachines. Uno empuñaba botella de mojo comprado en Winn-Dixie; el otro se defendía con botellín de la marca Badia adquirido, aseguraba, en “el Publix ese latino de Hialeah”. Y dirimían, en La Habana, las virtudes de cada uno de esos jugos venidos del Norte para sazonar la carne del pinareño puerquito que yacía, crucificado y sordo, a un palmo del carbón.