ELPAÍS: “Cuatro ruedas, mil problemas”, por Yoani Sánchez
A la intemperie, el auto Lada se ha ido llenando de polvo y el óxido ya le corroe las puertas y las defensas. Fue fabricado a finales de los años setenta en la lejana región del Volga central y llegó a Cuba por aquello del COMECOM y el "intercambio justo" entre los pueblos. Su dueña lo obtuvo a partir del sistema de méritos, para lo cual compitió -en interminables asambleas- con el resto de los trabajadores de su hospital. La pelea fue dura, pues varios doctores habían realizado misiones médicas en varios países africanos, pero la lista de los sacrificios que ella había acumulado era mucho más larga. Contaba hasta con un diploma de reconocimiento firmado por el mismísimo Máximo Líder. Así que se llevó el carro a casa, ante la mirada alegre de algunos y el gesto de envidia de muchos otros. Este se convirtió rápidamente en su más preciada posesión; conducirlo por las calles demostraba su éxito social y también su incondicionalidad ideológica.