ELPAÍS: “El furor del ritmo caribeño”, por Fernando Neira
Cuba es otra cosa. Lo nunca visto: el público aprovechaba anoche la música de sala para ejercitar sus mejores pasos de baile. Si esos eran los prolegómenos, resulta sencillo imaginar lo que sucedió en cuanto comparecieron las huestes de Samuel Formell. Aunque hubiera que lidiar con los límites infranqueables de la física: la Sala Arena terminó con un lleno generoso, insólito en fechas vacacionales, y los más duchos en materia danzarina apenas disponían de margen para guapeo y guaguancó. Así que los virtuosos apenas pudieron presumir lo que la ocasión —y sus partenaires— merecían.
La inelasticidad del espacio también constituía un problema engorroso para los músicos: 16 efectivos (cuatro cantantes, tres metales, tres percusionistas...) hacinados en el exiguo escenario, con los dos violinistas sufriendo para no acabar a codazos. Pero las estrecheces son sinónimo de calor, y a este respecto Los Van Van acumulan 42 años de magisterio. Tocaba festejar y arrimarse, aunque el calendario recomiende contrición.