ELPAÍS: “Eliécer Ávila, de enero a diciembre”, por Yoani Sánchez
Durante un par de años agosto dejó de ser el mes más difícil para el Gobierno cubano, con su canícula extrema y el malestar que provoca en la gente. Enero, el frío enero, traía acontecimientos que por su temperatura parecían propios del verano, de la comezón que ocasionan los más de 30 grados sobre cero. Al comienzo de 2007 un furibundo tráfico de correos electrónicos entre escritores y artistas fue bautizado como "la guerrita de los e-mails" y puso en entredicho la política cultural de la Revolución. Quienes habían sido víctimas de la censura y del hostigamiento en el sector artístico comenzaron a expresarse a través de una osada cadena de mensajes. Un par de semanas después de comenzado el intercambio, el ministro de Cultura trató de ponerle punto final en un encuentro personal con los implicados, a sala llena y puertas cerradas.
Al transcurrir justo 12 meses de aquel suceso, en otro enero inusual, un joven le dirigía incómodas preguntas a Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Mientras los intelectuales habían canalizado sus críticas a través del teclado, Eliécer Ávila -que así se llama el estudiante- lo hacía ante un nutrido auditorio, micrófono en mano y grabado desde una cámara que después filtraría el vídeo a miles de ávidos ojos. El soporte tecnológico ayudaba en ambos casos a difundir una inconformidad que no encontraba espacio por los estrechos caminos oficiales.