GENERACIÓNY: “Ambulantes o caminantes”, por Yoani Sánchez
“Quiero una rosquita con merengue”, decía el niño de uniforme rojiblanco a un vendedor que no paraba de caminar de aquí para allá. Una banda de tela ancha le baja a éste desde los hombros y sostiene la caja de madera y acrílico repleta de panetelas, bizcochos y pasteles. Tony es el dulcero más conocido del barrio. Abrió su primer kiosco de confituras hace más de una década y ha pasado por todas las etapas del emergente sector privado en Cuba: el entusiasmo, el fastidio, los números que no cuadran y hasta la devolución de la licencia. Ahora vive un nuevo renacer junto a los 346 mil trabajadores por cuenta propia que –especialmente en el último año– se hacen notar por las calles de todo el país.