GENERACIÓNY: “Color prosperidad”, por Yoani Sánchez
Las balaustradas tienen forma de mujer desnuda y la verja está cubierta de lajas de piedras. El jardín alcanza apenas para medio metro de césped y sobre él ladra durante todo el día un diminuto pekinés. Desde la puerta de entrada se alcanza a ver la barra de “bar” que divide la sala de la cocina, con botellas rellenas de líquidos de colores. Un tanque de plástico asoma en el techo y almacena el agua para los días de escasez. Las ventanas de hierro y cristal traslucen las figuras que se mueven dentro del hogar y de noche revelan también el brillo del televisor. Toda la minúscula “mansión” ha sido pintada con ese color bermellón que por estos días es señal de prosperidad. Con esa tonalidad preferida por quienes se abren camino económicamente a pesar de las privaciones y los absurdos burocráticos.