GENERACIÓNY: “El burócrata solitario”, por Yoani Sánchez.
Si alguien hiciera un estudio estadístico de cuáles son las aplicaciones más utilizadas en los ordenadores de las oficinas estatales, no aparecería a la cabeza de tal lista ni Word, ni Excel y mucho menos Access. El gran ganador de esa encuesta sería el famoso juego de naipes conocido como Solitario. Nuestros burócratas se aburren y alivian su tedio poniendo en orden ases, corazones, diamantes. No sabemos si dedican tanto tiempo a este entretenimiento porque tienen poco que hacer o si en realidad se vengan de los bajos salarios convirtiendo su jornada laboral en una tremenda pérdida de tiempo. Cuántas veces no hemos aguardado ante una secretaria que da un clic tras otro –a la par que mira arrobada la pantalla– como si no fuéramos a darnos cuenta que, en lugar de rellenar formularios o transcribir cartas, está amontonando barajas sobre un tapete digital de intenso color verde.
Mientras recepcionistas y empleados perfeccionan su destreza con los naipes, nosotros –los apabullados clientes de algún trámite– ponemos a prueba nuestra paciencia. Ellos acumulan filas donde sobresalen el Rey Rojo aquí, la Reina Negra allá, pero en los incómodos asientos de un registro civil o de una notaría, las horas pasan para quienes necesitamos una respuesta o un documento. De vez en cuando, entra otro oficinista y decenas de miradas tratan de decirle: llevamos esperando desde las ocho, no hemos almorzado todavía, por favor… atiéndannos.