GENERACIÓNY: “En carne propia”, por Yoani Sánchez
Mi teléfono móvil sonó justo cuando un militar de mirada severa me extendía las planillas para solicitar el permiso de salida. La casona de la calle 17 entre J y K se veía restaurada: nuevas ventanas de aluminio y cristal, la pintura retocada y una ampliación del número de sillas para la larga espera. Nada en aquella institución recién renovada indicaba ayer lunes que fueran a disminuir las restricciones de entrada y salida al país. Más bien parecía que la enorme industria sin chimeneas de las limitaciones migratorias –con considerables dividendos anuales en moneda convertible– seguiría en pie por largos años. Tomé la llamada con desgano, agobiada ante la burocracia que llevaba triturándome toda la mañana. Una voz casi metálica, pasada por los circuitos de Skype, me preguntó: “¿Supiste lo que dijo Raúl Castro?”.