GENERACIÓNY: “Fuera de servicio”
Pesa más que un “matrimonio mal llevado”, decía mi abuela de aquel teléfono negro y enorme que había en casa de una vecina. Tenía un cable muy corto y después de hacer una llamada, mi dedo índice estaba manchado con el polvo que había bajo el disco de marcar. Aún así yo aguardaba ansiosa el grito que le anunciaba a mi madre que la llamaban del trabajo o de alguna provincia. Íbamos corriendo escaleras arriba para pegar el oído al auricular y escuchar lo que una voz cuasi metálica decía al otro lado. Entre las más de diez familias que habitaban aquel solar, sólo había dos con líneas telefónicas. Así que reñirse con los dueños de tan importante artilugio era quedarse desamparado, incomunicado.