GENERACIÓNY: “La reina de la calle Reina”, por Yoani Sánchez.
Reina, nuestra calle de balcones y arcadas, de pizzas a cinco pesos y aguas albañales que corren por las aceras. Avenida de trapicheo y cuentapropismo, con sus vendedores furtivos anunciando colchones a las afueras de las tiendas y una iglesia gótica que señala hacia el cielo. Por Reina corretean los niños que van a la escuela en las mañanas, estiran sus manos los mendigos junto a alguna imagen de San Lázaro y las prostitutas atraen a sus clientes durante las noches. En sus portales hay espacio para todo, lo hermoso y lo podrido, lo pasado y este presente a medias que no acaba de cuajar, la sonrisa y la mueca.
Ayer, el tráfico ruidoso de Reina se paró, los indigentes se levantaron del suelo y los kioscos de comida cerraron por un rato. Era día de peregrinación de la Virgen de la Caridad, cuyo culto arrasa ahora entre los cubanos después de décadas de ateismo forzoso. Agnósticos y curiosos, devotos y policías políticos, acompañaron al cortejo de una imagen pequeña acicalada con su manto dorado. Muchos iban con velas, muñecas vestidas de Oshún, girasoles, pañuelos y ropa de color amarillo. Por convicción, había miles y por fisgonear otros tantos que se unieron a la procesión. En un país donde no está permitido tomar las calles de forma pacífica para protestar, los 8 de septiembre en La Habana atraen tanto a feligreses como a inconformes.