HABÁNAME: “Educación Formell”, por Wendy Guerra
Ha pasado por La Habana mi amigo de infancia, hermano de mis padres, el pintor cubano Leandro Soto.
Leandro vive entre Barbados, Miami y la India.
Hemos paseado por la ciudad, me cuenta que sus performance han sido muy bien recibidos por el público cienfueguero y en el Centro Wifredo Lam le han acogido como en casa. Regresará en primavera para presentar su obra más reciente con claros referentes hindúes en una exposición colateral a la próxima Bienal de La Habana. Caminamos por las plazas, almorzamos, cenamos con su esposa Grisel.
Leandro es ahora vegetariano, pero nada más parece haber cambiado, nuestra amistad sigue intacta. En el aire sí que late la ausencia de mi madre, el vacío de Elso, la partida de Irena, su nexo con Ana Mendieta; esa cruda distancia de muchos amigos que no se encuentran ya entre nosotros, por suerte apareció José Manuel Fors y remontamos la tarde con la certeza de que estamos vivos y siempre habrá una segunda oportunidad. Leandro me enseñó a reprogramar el futuro para que lo bueno fluya, concurra positivamente.