HAVANATIMES: “Permiso para salir de Cuba (II)”, por Irina Echarry
En el primer viaje no le agradó el sitio destinado para hacer cualquier pregunta, o esperar a ser atendida por los trabajadores consulares. Un espacio muy pequeño en el jardín lateral, cercado de un modo que recordaba la seguridad extrema en el zoológico de la Habana.
Un techo – como el de la Oficina de Inmigración, de esos que multiplican el calor del sol – y unas pocas sillas donde esperaban 3 ó 4 personas cabizbajas.
Un par de señores tras una laptop le piden el carné de identidad. Son cubanos, ella solo quiero saber qué es lo que hay que hacer para solicitar la visa. Le entregan dos hojas, una indicando todos los papeles que le piden. Otra es la planilla de solicitud.
Aunque no va a hacer ningún trámite por el momento, su nombre queda registrado en la laptop.
Sale leyendo la amplia lista de requerimientos y se fija en un detalle: “número de cuenta en el banco, fecha en que fue abierta y saldo.”
Coño, jamás en su vida ha tenido dinero como para pensar en abrir una cuenta. Pero si piden eso es señal de que sin cuenta en el banco no habrá visa.