INFOLATAM: “Brasil en Cuba: Hacia una política más efectiva”, por Arturo López-Levy
La visita de la presidenta brasileña Dilma Rousseff a Cuba ha generado importantes debates en los medios noticiosos y políticos. Algunos cuestionan la conveniencia de la visita presidencial tras la muerte de Wilmar Villar mientras otros van más lejos criticando lo que identifican como una política de apaciguamiento y subestimación de los derechos humanos en la relación de Brasilia con la Habana. Es obvio que la política brasileña no es todavía tan efectiva como podría ser y que nuevas acciones podrían incrementar su impacto en el proceso de reformas en Cuba. Dicho esto, es importante reconocer también los meritos de una política diseñada en Itamaraty teniendo en cuenta la lógica de la liberalización política cubana como proceso diferente a una democratización y las sinergias existentes entre la transición a una economía mixta y la ampliación de derechos y libertades.
La política brasileña hacia Cuba no es unidimensional, en ella convergen intereses económicos, y estratégicos de liderazgo regional con valores de una izquierda brasileña comprometida con la gobernabilidad democrática. La cancillería brasileña también combina diferentes principios del derecho internacional. Como subrayó el entonces presidente Cardoso ante las crisis democráticas de Perú 2000 y Venezuela en Abril de 2002, la soberanía de los estados no es un escudo para violar los derechos humanos pero como principio debe ser respetada. Esa posición se ha reflejado en la distancia crítica que Brasil ha tomado desde la apertura democrática hacia la política estadounidense de confrontación para forzar un cambio de régimen en Cuba.
Una condena brasileña altisonante sobre asuntos internos cubanos puede crear una crisis en la relación bilateral y marcar puntos retóricos en la prensa norteamericana pero no haría diferencia positiva en la coyuntura política de la isla. A la larga, tal comportamiento solo dañaría las potencialidades de un curso a largo plazo, apenas ajustado en los márgenes por las administraciones de Lula y Rousseff, de promover cambios en Cuba a través del intercambio. Brasil no tiene ni la voluntad política, ni la habilidad para cambiar la situación de derechos humanos en Cuba a través de una política de confrontación.
El dilema brasileño no es entonces entre políticas de aislamiento o intercambio, sino que tipo de política de acercamiento es la óptima para balancear los intereses nacionales y los valores democráticos brasileños