NEOCLUBPRESS: “Cuba, la tecnocracia beneficiaria”, por Guillermo Fariñas.
En el refranero popular cubano existe esta expresión: “La ocasión la pintan calva y hay que cogerla por los pelos”. Sin lugar a dudas así ocurrió con los cambios introducidos por la cúpula gubernamental durante los años noventa en Cuba, cuando todo parecía indicar que el castrismo se convertiría en la historia de un monstruo barbado y verde olivo, como cualquier leyenda de muy malos frente a muy buenos.
Las modificaciones de marras crearon una clase de personas en solapada apariencia seguidoras acérrimas del régimen, que han vendido y venden su incondicionalidad al mejor postor. En este caso, al derecho de situarse lo más cerca posible del dólar norteamericano u otras divisas convertibles. La cuestión es hacerse rico o al menos aspirar a serlo, porque en el fidelismo soñar no cuesta nada.
Entre ellos encontramos desde el gerente de una sofisticada cadena hotelera, un aduanero corrupto o un oficial con auténticas hazañas guerreras devenido novato empresario capitalista, hasta el maletero de un hotel en el emblemático balneario de Varadero. Todos poseen una dinámica mental demasiado parecida: hacerse lo más ricos que puedan mientras simulan apoyar un castrismo radical a ultranza.