PENÚLTIMOSDÍAS: “Fidel y el triunfo", por Carlos Ripoll.
Todo aniversario de un acontecer mayor invita al estudio de su origen y de sus efectos. El cincuenta aniversario de la revolución que liquidó la dictadura de Fulgencio Batista ha producido numerosos análisis de sus fracasos y de sus logros. El punto de vista, la perspectiva, como siempre, ha condicionado el juicio del observador.
Hay un triunfo burgués y un triunfo revolucionario. Depende de la escala de valores que aplique quien juzga. Lo que caracteriza al burgués, como buen reaccionario, es su conformidad social, por la que al ver que las cosas no van bien, su optimismo lo lleva a esperar, a favor de sus intereses, un descalabro inevitable: su dialéctica no le da para más. El revolucionario, por otra parte, inconforme con el status quo, propugna un cambio en la sociedad y sabe que hay procesos de particular naturaleza que escapan los pronósticos de la historia. El gobierno de Cuba, que aún se proclama “revolucionario”, es también ejemplo de lo burgués por su aferramiento al pasado, por su inmovilidad, y por su miope interpretación del porvenir.