PENÚLTIMOSDÍAS: “Gato por liebre”, por Alexis Jardines
Cambios en Cuba: por supuesto los hay. El problema es que si se dan bajo la égida del partido único no son otra cosa —como he dicho tantas veces— que maniobras de supervivencia. Lo que al parecer ignora buena parte de los defensores de los cambios raulistas es que, mucho antes de hacer públicos los Lineamientos, la cúpula del gobierno discutió ampliamente —y a puertas cerradas— la política de reformas con una comisión de expertos, ministros, viceministros etc., y dejaron bien claro que el objetivo de la misma era fomentar por todas las vías imaginables la actividad productora-atractora de dinero. Los llamados “cambios en Cuba” deben ser analizados a partir de esta intención subyacente.
También se sabía que al liberar —aun discretamente— las fuerzas del mercado una parte cada vez mayor de la población se separaría de ese resto física, económica y psíquicamente diezmado. Desde hace mucho tiempo en Cuba no hay consenso en torno al Partido y al Estado, pero se ha mantenido cierta cohesión por varias razones. La que me interesa destacar aquí, y seguramente la fundamental, es que el Estado ha sido el único empleador. Al perder esta condición hay que buscar mecanismos para recuperar el control que la liberalización económica desarticularía. Las vías encontradas fueron principalmente dos: 1) el empleo de los pequeños negocios (bajo la amenaza de revocación de licencias y la presión de créditos) como medios de propaganda político-ideológica, sobre todo dirigida a los turistas y; 2) la creación de consenso, sobre una base ética, entre las grandes masas hoy desideologizadas de un modo irreversible. Así la ética, debido al carácter de universalidad de sus valores, está llamada a llenar el vacío dejado no sólo por la dependencia económica sino, sobre todo, por la ideológica (antes marxista y, más recientemente, nacionalista).