PENÚLTIMOSDÍAS: “La situación cubana y la 'falacia de la ventana rota'”, por Ernesto Hernández Busto
La gamberrada inicial, entiéndase la Revolución cubana, ya empieza a ser vista como un estímulo a la economía, y el cuentapropismo se iguala a la “creación de empleo”, protocapitalismo, “camino correcto”, etc. Todo este opinionismo semipragmático, ostentoso o discreto, no hace más que juzgar la deprimente situación de la isla desde una perspectiva moral presentánea, baratera y abstracta. Y así como el panadero del video bien podría haberse gastado en algo mejor ese dinero con el que debe ahora reparar la ventana rota por el gamberro, Cuba bien pudo haber atravesado el decurso histórico que le correspondía por derecho propio antes del trauma del socialismo castrista: más ingresos que gastar en bienes y servicios, un nivel de vida decente, algo real de que enorgullecerse. Defender la “oportunidad” cubana desde la perspectiva del capitalismo-que-vendrá es una aberración lógica, porque los cubanos a estas alturas, no tendrían que estar pensando en comenzar de nuevo sino en invertir el mundo y el capital que les han sido negados por el castrismo durante estos cincuenta años.
El hooligan Castro le ha costado muy caro a la comunidad internacional y a ese mismo exilio cubano que ahora se dispone a pagar con sus remesas la “actualización del modelo” proclamada por Raúl Castro. El daño físico y la ruina que han significado estas cinco décadas son uno de las mayores ejemplos de destrucción de riqueza que podamos encontrar en nuestro hemisferio. Y ahora, saciados de utopía, corremos el riego de estrenarnos en la senda de las novatadas del peor capitalismo, para que el beneficio se lo lleven los hijos de aquellos que provocaron la quiebra —y tres o cuatro empresarios sin escrúpulos que disfrazan la codicia de salvamento nacional.