PENÚLTIMOSDÍAS: “Las venas abiertas de Eduardo Galeano”, por Rafael Gumucio
En Chile los jóvenes luchan hoy por una educación gratuita y de calidad para todos. Se trata de un tema de mínima justicia en uno de los países más desiguales del planeta. Un país donde los libros, gravados con impuestos especiales, son un lujo impensable y la cultura es una incestuosa secta de parientes y capillas generalmente estériles. Un país en que un alcalde se da el lujo de homenajear con fondos municipales a un torturador y asesino condenado a 400 años de cárcel.
Sin la menos ambigüedad, me siento comprometido en la lucha por una educación gratuita y de calidad para los chilenos. Sólo figuras como Eduardo Galeano frenan a veces mi ímpetu. Hijo de una sociedad, la uruguaya, que ha logrado hace décadas esta educación gratuita, ciudadano de un país donde los libros no son una ruina y donde la cultura es casi inevitable, Galeano representa los peligros de la gratuidad de la cultura. La figura del que usa los libros para deformarlos, del que le habla a esa peligrosa turba que lee lo que no comprende y no sabe —por culpa del exceso de universidad— admitir que no sabe. Porque esa ideología seduce no desde la ignorancia completa, sino desde la semi cultura, desde los malos libros donde siempre hay culpables que te exculpan, donde abundan hasta el mareo convicciones para convencer a cualquiera de cualquier cosa.